Entrevista

Por Oscar Jean Castilla Vega

Elvira Juvencia Oseguera Álvarez de ochenta años de edad, narra sobre episodios de su vida. En su niñez y temprana juventud vivió con muchas restricciones y obligaciones, con el tiempo y la influencia de algunas personas, como su padrino Manuel Ríos, se interesó y disfrutó del box, la lucha y la tauromaquia.

 “Cuando yo tenía tu edad -20 años- estaba con unos padrinos. Todo mi mundo era mi cuarto, las idas a las luchas los viernes, misa en domingo y a La Marquesa, luego otra vez toda la semana encerrada”.

“Mis padrinos se iban de fiesta y yo me quedaba a cuidar a los chamacos. Eran una niña y dos hombres. Me salía de la casa a buscar trabajo, hice amistades y todo eso. Empecé a trabajar y todo, fue cuando anduve de loquilla.”

“Cuando yo empecé a salirme de la casa también empecé a conocer el mundo, a ir a los estadios, a las luchas. Salía, no nada más eran las cuatro paredes donde vivía. Empecé a tener amistades, tenía unas que vendían el periódico y unas en la Roma.”

“Recuerdo que la abuelita tenía su puesto de trabajo en la esquina acá, en donde están los tacos. La hija vendía un poco lejos, el papá vendía a la vuelta de San Mateo, Xochimilco. En las tres esquinas vendía la misma familia.”

“Yo me hice de aficionarme a las luchas, al box, a los toros y todo eso me lo estaba chutando con mi padrino.” “Yo me quedaba con él, me decía ‘gorda vente ya van a empezar las luchas, vente ya va a empezar el box’, el domingo me decía ‘vente ya va a empezar la corrida’, porque la corrida la oía por radio, cuando estaba la televisión de igual manera lo pasaban”.

De acuerdo con su percepción Elvira Juvencia platica que quitaron las corridas “porque no faltó algún baboso que dijo que no era bueno para los niños, que quién sabe qué; lo mismo con las luchas, que según también era mal ejemplo y ahora está peor, porque antes no había eso de que los luchadores se agarraban las sillas, las mesas y hasta las escaleras.

¿Las luchas eran cuerpo a cuerpo?

-Aja sí, ¡de puro cuerpo!, aplicaban llaves y todo eso que existe. Yo me acuerdo que llegaron unos japoneses que en verdad ¡qué chulo luchaban!, hacían unas llaves ¡qué ni aquí!. Me tocó ver al Cavernario Galindo, al Tonina Jackson, Tarzán, el Santo, Black Shadow. Cuando empezaban ¡uff!, todos eran bien chavitos, no que ahorita puro fantoche que le quiebran la silla, le rompen la mesa y en verdad ya no saben qué hacer ¡por Dios! Por eso yo empezaba a aficionarme y porque era mi única diversión con el padrino.

Playera de la octagenaria Elvira Juvencia Oseguera Álvarez

Sobre los desfiles conmemorativos se sabe que en esa época para el 20 de noviembre participaban deportistas, pequeños contingentes de las universidades particulares y los charros, que cerraban la celebración. A los asistentes les daban playeras y banderitas mexicanas “¡qué colorido!, ya quitaron todo eso que entretenía a la gente en aquel entonces”.

Para el 16 de septiembre solamente salía un grupo en el que participaban la Marina y el Ejército, utilizaban tractores, aviones y caballos. “También fui al de las Olimpiadas México 68.  Ya no recuerdo en donde estaba laborando, tenía amistades que vendían el periódico, me parece que esas amistades nos dieron la playera”.

Aunque Elvira Juvencia Oseguera Álvarez no recuerda muy bien si el recorrido para llegar al desfile olímpico de 1968 en la Ciudad de México era por Insurgentes o Reforma, ni quien le dio la playera para acudir y disfrutar de ese gran espectáculo, es un hecho que encontró la oportunidad de disfrutar de la vida, conocer diversos deportes y encontrar gozo en ello. Actualmente vive en la alcaldía Xochimilco y con sus memorias comparte un valioso ejemplo de vida.

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