“Adolphe”
Benjamin de Constant
Pinguin Clasics-Ramdom house.

Por Julio Martínez Torreblanca

Benjamín Constant de Rebecque, en 1816, publica su novela, Adolphe, fruto del berrinche y posterior ruptura de su relación de pareja con la intelectual feminista madame de Staël, famosa por sus novelas sentimentales de aire prerromántico y sus ensayos políticos y de literatura comparada. El texto nos describe la historia de un niño de papá —fresita— que, después de aburrirse mucho en su ciudad natal, decide trasladarse a una población menor para así destacar. Al asentarse, y no motivarle la vida social de una población provinciana, considera que ya va siendo hora de hacerse el macho entre sus amigos y conquistar a una mujer. Encuentra una presa fácil y vulnerable en la emancipada amante de un viejo noble caído en desgracia, el conde de P…. Eléonore, nombre de la mujer, es madre de dos hijos y vive con naturalidad, igual que la población donde habita, su relación extramarital con el conde, hasta que se entromete Adolfo. Durante los siguientes nueve capítulos nos trascribe el asedio, acoso, coacción y chantaje emocional que este petulante somete a su —entre comillas— amada.  

    La estructura de la novela la conforman, además del capítulo de presentación del protagonista y los nueve de desarrollo de la trama, un prólogo y una carta al editor, respondidas ambos por este último.  En ellas, el autor, a modo de artificio, nos enumera una serie de peregrinas disculpas. Algo que, bajo mi punto de vista, subraya más la oscura intención de resentimiento del texto.  Si un autor, en su prólogo, tiene que explicar y justificarme, como lector, sobre “la ficción” de su novela… es porque lo mismo no es algo tan fingido ni producto de la imaginación, indicando más realidad que fantasía en los hechos relatados.

    Todo es narrado en primera persona. Sólo sabemos su versión sobre cómo fue su relación con Eléonore; nada confiable por lo sesgado que siempre es el relato que hace uno mismo sobre sus relaciones de pareja. Si bien nos da datos sobre los pensamientos de Eléonore, del conde de P…, de su padre, de la sociedad que les rodea…, siempre es desde el punto de vista del interesado.      El pensamiento cegado por las pasiones, característica propia de la literatura romántica, me parece que, hoy en día, nos aleja mucho de empatizar con el texto. Si bien, no llego a compartir la contemporánea tendencia de censurar y demonizar algo escrito bajo las circunstancias de un tiempo distinto al nuestro, si creo en su desfase, restando valor al mismo.

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