Por Carlos Pérez

La efervescencia de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) encontró uno de sus picos de lucidez y reflexión más resonantes con la presencia de Cristina Rivera Garza, una de las voces fundamentales de la literatura contemporánea en lengua española. Ante un auditorio lleno, la narradora y ensayista deslumbró al presentar su más reciente compendio de ideas, la obra Lo roto precede a lo entero: Ciento veinticinco infraensayos.

El encuentro se convirtió en una cátedra viva sobre el papel transformador de la lectura y la escritura en la configuración de la realidad. Con una claridad meridiana y un tono que osciló entre la provocación intelectual y la más íntima confesión literaria, Rivera Garza lanzó la poderosa afirmación que encapsula su filosofía “Leer es producir una nueva realidad con otro”. Esta frase resuena como un manifiesto en un mundo que parece abrumado por realidades prefabricadas.

El lector como coautor de mundos

La escritora, ahondó en la naturaleza profundamente comunitaria y subversiva del acto de leer. Para Rivera Garza, el texto no es un objeto estático o una verdad inamovible, sino un punto de partida, un territorio que solo adquiere verdadera dimensión y vida al ser habitado por la mente del lector. No se trata de consumir, sino de coproducir.

Rememoró, con una sonrisa nostálgica que iluminaba su rostro, aquellos tiempos juveniles en los que “quería estar escribiendo todo el día”, pero fue más allá al conectar esa pasión con la libertad creativa inherente a toda persona. Defendió con vehemencia la efervescencia de la imaginación sin límites, al declarar: “Mil veces prefiero vivir en un mundo donde una niña de 12 años cree que puede escribir un libro que uno en que cree que es imposible”. Esta declaración es un recordatorio urgente de que la democratización de la creación es un pilar esencial de la vitalidad cultural.

El lector, en esta concepción, es convocado a salir de la pasividad para asumir su rol activo, a inmiscuirse en la “gran comunión, enriquecida, creativa y muy gozosa, que es la libertad” que ofrece la literatura.

La anatomía del “Infraensayo”: Leer el mundo en pedazos

La presentación se desentrañó el concepto que da forma a su nuevo libro. La autora describió esta forma como una modalidad de escritura que surge de “notas de alguien que está leyendo continuamente el mundo”. Son piezas breves, fragmentarias, que capturan la intriga de lo que acontece en el intersticio de lo cotidiano, tomando la actividad de la observación y la reflexión con seriedad, pero sin la pesada solemnidad académica.

El prefijo “infra”, lejos de sugerir algo menor, apunta a lo que está por debajo, a lo que es fundacional, a lo que se gesta en la intimidad del pensamiento. El infraensayo es, en esencia, una herramienta de lucidez para desarmar y reensamblar la realidad, reconociendo que “lo roto precede a lo entero”. Esta idea sugiere que la construcción de cualquier verdad o totalidad solo es posible al asumir las grietas, las fallas y los fragmentos que nos componen. Es una invitación a abrazar la imperfección como génesis de la creatividad.

En un gesto que reivindica el juego y la ligereza en el pensamiento, Rivera Garza mencionó que el infraensayo “se toma esa actividad en serio, pero no tan en serio, también echa relajo con esa posibilidad”. Esta dualidad —profundidad y desenfado— es precisamente lo que hace que su escritura sea tan accesible como intelectualmente punzante.

La urgencia de la lucidez en un presente ruidoso

Aunque la conversación se centró en la literatura, las palabras de la escritora no pudieron abstraerse del contexto de un mundo cada vez más digital y polarizado. Si bien no fue el tema central, se percibe en su obra la urgencia de apelar a la lucidez como un mecanismo de defensa y creación. En un ecosistema informativo diseñado para la superficialidad, como el que se vive en las redes sociales, la lectura profunda y el infraensayo se presentan como actos de resistencia contra el ruido y la insensibilidad.

Cristina Rivera Garza nos recuerda que la mejor manera de resistir las realidades impuestas es a través de la creación de realidades propias, cocreadas con el otro —el autor, el libro, el lector— en ese espacio sagrado y compartido que es la lectura. Su presencia en la FIL, con Lo roto precede a lo entero, reafirma su posición no solo como una escritora capital, sino como una pensadora que nos ofrece herramientas para habitar un presente complejo, instándonos a que, con cada página, nos atrevamos a producir, con otros, el mundo que genuinamente deseamos leer y habitar.

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