Por Laura González y Yahir Fragoso

El siglo XX en el área de las artes fue un periodo de revolución; las dos Guerras Mundiales sacudieron a la humanidad y modificaron el pensamiento. En Europa nacieron las vanguardias, que alcanzaron prácticamente a todas las disciplinas. Lo mismo sucedió en Japón: la Segunda Guerra Mundial y la detonación de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki dejaron al país en ruinas. Es en este momento cuando el manga cobra relevancia en la sociedad japonesa, ya que en este entretenimiento se encontró el bálsamo para aminorar los estragos de la guerra en el ánimo de las personas.

            El manga tiene su origen entre las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX, un periodo que se caracteriza por la apertura cultural que se dio en el país oriental. Dicho esto, tiene sentido que justo en ese momento el manga diera sus primeros pasos, pues varias décadas atrás habían comenzado a publicarse en Europa y América dibujos del mismo estilo —si bien no eran los cómic que vemos hoy en día—, lo que sin duda debió influir en el desarrollo de este arte. Hoy en día el manga se ha ganado un sitio separado del cómic tanto por su estilo particular de ilustración, como por su manera de contar historias.

Los primeros pasos

Tagosaku y Mokube visitan Tokio (Tagosaku to Mokube na Tokyo Kenbutsu), creado por Rakuten Kitazawa, es considerado el primer manga moderno, separándose de los cuadernos de apuntes y bocetos conocidos como Hokusai manga (por el nombre de su autor, Katsushika Hokusai). Estos últimos tenían una gran influencia de los rollos de animales Chōjūgiga, pintados por el monje budista Bishop Toba en el siglo XII; igualmente, en ellos se encuentra uno de los primeros ejemplos del arte secuencial japonés, que consiste en fragmentar el movimiento en varias imágenes para luego presentarlas de manera consecutiva.

            En la obra de Kitazawa se palpa la influencia de la ilustración tradicional japonesa conviviendo con la intención narrativa recién llegada de occidente. Por otro lado, en el texto que acompañaba las ilustraciones se siguió usando la distribución que se puede ver en otras obras visuales de origen japonés; aún no se usaban los globos de diálogo que ya eran comunes en Norteamérica.

            Tras los pasos de Kitazawa caminó Osamu Tezuka, que redefinió por completo el manga y configuró la estructura y estética que conserva hasta nuestros días. Este mangaka, que pasó a la historia como “el Dios del manga”, fue el primero en darle a sus creaciones los característicos ojos grandes, inspirados en los dibujos de Disney; de igual manera, reformó las viñetas de Kitazawa para darles un mayor dinamismo. Los personajes de Tezuka también superaron lo que habían hecho sus antecesores: hasta ese momento, las historietas habían sido cortas y con muy poco desarrollo de los personajes, pero a partir de él los arcos narrativos se volvieron mucho más largos y de esta manera sus creaciones alcanzaron mayor profundidad. Sobre estas bases creció el manga hasta lograr el alcance actual.

De Japón para el mundo

Fue un manga de Tezuka el primero en lograr proyección internacional: Astroboy (1952). Esta obra fue publicada en la primera revista dedicada al manga, Manga Shōnen, en la que se publicaban historietas dirigidas a niños. Sin embargo, desde este momento surge la necesidad de crear contenido para públicos más variados, lo que termina dando origen a géneros como el shōnen o el shōjo. A pesar de que desde los años 60 ya se transmitían animes en la televisión europea y estadounidense —Astroboy y Mazinger Z—, la verdadera explosión viene en 1988 con la adaptación cinematográfica del manga Akira. Por la misma época surgen mangas de la envergadura de Dragon Ball, creado por Akira Toriyama, o Sailor Moon, de Naoko Takeuchi. En el caso del primero fue tal el impacto en su época que se convirtió en la historieta de origen extranjero más vendida en la historia de España. Algo similar ocurre con estas dos obras en México —aunque no llegan hasta finales de los 90—, pues abrieron paso a la gran cantidad de contenido que aterrizó en el país durante los años siguientes.

El peso de una industria

Con el paso de los años, el manga y el anime se incrustaron completamente en la sociedad japonesa y poco a poco se abrieron paso en el resto del mundo. El impacto de esta industria se puede medir tanto social como económicamente. Alrededor universo del manga y del anime se crea una comunidad —similar al fenómeno del cómic en occidente— lo que da como resultado el nacimiento del término otaku que, si bien en muchos casos se usa como calificativo peyorativo, en su acepción original y menos agresiva hace referencia a una persona apasionada por el manga, el anime y otros elementos de la cultura pop japonesa. Fue esta comunidad la que comenzó a crear sus propios espacios. A diferencia de lo que sucede con las grandes empresas del cómic, como lo son Marvel Studios o DC Comics, la distancia jugaba un papel importante en los primeros pasos del manga y el anime en occidente. Las primeras convenciones dedicadas a este universo eran organizadas por la misma comunidad de fanáticos, hasta que poco a poco, con el crecimiento del mercado, se convirtieron en eventos de mayor tamaño y mejor producción.

            Recientemente, el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones de Japón dio a conocer que el 80% de las ganancias de transmisión en el extranjero —es decir, el pago por derecho de transmitir contenido— proviene del anime; lo que nos da una idea del tamaño y la importancia que tiene la industria del manga y el anime para el país. Para poner los porcentajes en moneda, el combinado del mercado doméstico con la distribución digital da una ganancia total de 118 billones de yenes sólo en el 2018; lo que se traduce en 130,808 minutos de anime transmitidos por televisión, distribuidos en 332 series, de las cuales 235 fueron nuevas producciones y 97 continuaciones. Todo lo anterior sin contar las producciones exclusivas para las plataformas de streaming, que cada vez invierten más en contenido de este tipo —habiendo incluso plataformas dedicadas exclusivamente a ello, como lo son Crunchyroll y Webtoon. Cabe mencionar también, que la producción de anime ha venido experimentando un descenso en las obras dirigidas a un público infantil y aumentando las series para públicos más maduros, lo que nos muestra como la industria se va deshaciendo de los prejuicios que la estigmatizaban y llega a un mayor y más variado número de espectadores. De igual manera, el anime tiene una gran presencia en el mundo cinematográfico: las ganancias por largometrajes animados representan poco menos de la cuarta parte (42.6 billones de yenes) de la taquilla nacional japonesa —cuota que se ha mantenido estable durante los últimos años. En 2018 se produjeron 74 películas de animación que, a pesar de ser 10 menos que el año anterior, significaron un aumento en la cantidad de minutos de producción, o lo que es lo mismo: las producciones duran cada vez más.

            Sin embargo, a pesar de lo lucrativa que resulta esta industria, las condiciones laborales que viven los equipos de producción son innegables y en últimas fechas han repercutido en la calidad de algunas producciones. La relación que existe entre salario/horas trabajadas es simplemente desproporcionada; sin mencionar que, según una encuesta realizada por la Asociación de Creadores de Animación Japonesa, el 50% de los animadores trabajan como freelancer y sólo el 14.7% tiene contrato formal con una compañía.

            A pesar de esto que, sin lugar a dudas, es un tema en el cual urge tomar acciones, el manga y el anime seguirán teniendo un lugar clave en la sociedad japonesa, tanto así que los embajadores para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (ahora 2021 debido a la pandemia de Covid-19) son personajes de los animes más famosos. En este sentido, es de esperarse que los números, al menos de producción, se vean también disminuidos en este año, ya que todos los estudios de animación debieron cerrar sus puertas como parte de las medidas para evitar la propagación de la nueva cepa de coronavirus. Con todo, el relajamiento de estas restricciones en el país asiático ha permitido que poco a poco se retomen las series en proceso de producción, lo que indudablemente representa un alivio para los fanáticos alrededor del mundo que en este caótico año encuentran refugio a lado de sus personajes favoritos.

Fuentes

https://aja.gr.jp/english/japan-anime-data

https://comicbook.com/anime/news/anime-new-japan-report-broadcast-exports-80-percent/

http://revistacultural.ecosdeasia.com/el-primer-mangaka-profesional-la-figura-olvidada-de-rakuten-kitazawa/http://revistacultural.ecosdeasia.com/chojugiga-una-pieza-clave-de-la-identidad-artistica-japonesa/

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