Por L.C. Bornio

7 de marzo de 2020, 14:00 hrs.

Jamás había visto tanta gente reunida. El monumento a la Revolución y sus calles aledañas se han pintado de verde y morado. El piso tiembla por la marcha de miles de mujeres que gritamos, cantamos y sostenemos carteles con frases de empoderamiento femenino y denuncias hacia el patriarcado. Mis amigas y yo nos hemos cubierto la boca y la nariz con paliacates y nos quitamos las blusas, quedando únicamente en sostén, porque no soportamos el calor. Unas a otras nos rayamos el pecho o el abdomen con frases como “Mi cuerpo, mi decisión”, o “No es No”. Nos unimos a un contingente universitario. Lo sensato es nunca estar sola en estos eventos, sabemos que pueden ponerse violentos.

Hay tanta gente que el avance es lento. Ya he formado parte de varias marchas pero nunca había sentido esta energía tan poderosa. La convocatoria ha sido masiva. Esto es la sororidad, caminar por las calles del Centro sin miedo, sintiéndonos seguras. Hoy nadie nos va a violar, hoy nadie se atreverá a abuzar de nosotras porque estamos juntas, somos un chingo, estamos furiosas y tenemos tanto dolor que ahora ellos deben temer: esos hombres que se asoman ocultos desde sus ventanas. Estas somos nosotras gritando, haciendo ruido y diciéndoles que ya no nos vamos a quedar calladitas. Ya no nos van a amedrentar. Es nuestra denuncia. ¡Ya basta! 

De pronto pasa junto a nosotras una camioneta. Dentro está la madre de una de las víctimas de feminicidio. Nos hacemos a un lado y guardamos silencio en muestra de respeto. La voz se escucha viciada por el altavoz, pero algo logro entender: “Ninguna mujer debería salir con miedo de no regresar, como le pasó a mi niña”. Su voz se quiebra. Su furia no rebasa su dolor. Volteo a ver a mis compañeras. Creí que era la única que lloraba, pero no. A todas nos ha partido el corazón. Esa pudo haber sido la madre de cualquiera de nosotras  

Hemos llegado a la avenida 5 de mayo, sabemos que aquí todo se pone más violento. Por las banquetas van corriendo unas chicas totalmente cubiertas de negro, con garrotes en las manos. Varias mujeres, especialmente las mayores, comienzan a gritar “No violencia”. Se hace un escándalo. Algunas grafitean las paredes con frases como “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios” o “Fue el estado”. Otras tiran las bardas, otras rompen vidrios. Hay fuego por todos lados y se forman nubes de humo rosas y verdes. Algunas huyen. Una de mis amigas se acerca a los destrozos para tomar fotos. De pronto una de las bardas cae sobre la  chica que grafiteaba. Veo sangre. Sabíamos que este tipo de cosas podían pasar. Formamos una muralla de brazos para que no la aplasten. Varias chicas se dan a la tarea de salvar la pierna enrojecida. Se escucha un ruido terrible, un balazo, tal vez una bomba. Nos arden los ojos por el gas pimienta. Nos cubrimos y tratamos de llegar a una orilla porque la gente entró en pánico y creó una estampida. “¡No se asusten! ¡Mantengan la calma!”, grita una mujer desde su altavoz. Nosotras decidimos salir de nuestro contingente para no ser aplastadas y seguir adelante. Ya estamos muy cerca de la explanada. Continuamos cantando con fuerza “¡Y tiemblen, y tiemblen, y tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista!”. 

            Llegamos a la explanada del zócalo a las 16 horas. Estamos sedientas, asoleadas y con los cayos de los pies a reventar. Somos de las primeras en llegar. Hay chicas semidesnudas, pintadas como guerreras vikingas, levantando los puños sobre las cercas de la explanada. Del otro lado, una muchacha habla por el altavoz, con un tono de desesperación “Sabemos que quemaron a una de nuestras compañeras en el metro y que hay zonas donde están aventado ácido. ¡No podemos permitir que esto siga sucediendo! ¡Exigimos justicia para ellas y para todas las desaparecidas y victimas de feminicidio en nuestro país!” Nos encontramos a la mamá de una de nuestras amigas y ella nos incita a irnos antes de que algo peor suceda. Está bien, llegamos a donde teníamos que llegar, es hora de irnos a casa y encerrarnos para el paro nacional de mujeres.

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