“Me da miedo que con la pandemia solo se vaya a escribir de lo que estamos viviendo.”

Por Iza Sabadín

El poeta León Cuevas, originario de Pachuca, vive desde 2014 en la Ciudad de México. Habla sobre el panorama creativo actual en la literatura y en las artes visuales, así como de la búsqueda que alimenta su poesía.  Asimismo, reveló un nuevo proyecto creativo y comentó el éxito de Sal de alacrán, su primer libro de poesía publicado en 2019.

León Cuevas, escritor hidalguense.

“Por un atajo de pasos cetrinos / Me manifesté andando de un lustro / Y de andén topé a un ángel reencarnado / En sus ojos tenía el olor de los bosques / Una ángel manchuriano/ Enfermo de poesía celta / Asiática y germana”. Los versos están publicados en su perfil de Instagram, pertenecen al poema Ángel de las tabernas, escrito en 2020, como un homenaje al poeta y maestro Iván Portela (1944-2019).

¿De qué manera Portela influenció tu poesía?

-Nunca conocí a Portela. Me imagino que él fue para sus alumnos lo que José Vicente Anaya (1947-2020), significó para mí. Puedo decir que sé cómo se siente cuando se pierde un gran maestro. Para construir este poema escuché más de 100 veces a Portela declamando una poesía. Lo hice para poderlo conocer de manera indirecta. Se ve que era una personalidad única. Para todos los integrantes del Colectivo Tinta Verde, Portela significa algo muy importante. Y los integrantes del Tinta Verde que lo conocieron me dicen que logré acercarme al maestro a través de la poesía. Ángel de las tabernas fue escrito para un homenaje que le íbamos a hacer en la Casa del Poeta, en la colonia Roma, justo el día en que empezó la pandemia.

En medio a las influencias de autores y también de movimientos artísticos, ¿cómo definir tu arte?

-Como una incansable búsqueda. Sí. Me considero una persona inquieta. Por eso la Ciudad de México me cayó como anillo al dedo. Soy de Pachuca, llegue aquí en 2014, y todo lo que la gente encuentra caótico, me fascina. Y ojalá tenga la oportunidad de conocer otros mercados, internacionales.

Aunque estés muy enfermo de la poesía, tu arte no se encierra en el género. La pintura, la narrativa y el comic también están entre tus pasiones.

-Con los poemas, puede que no publiques nunca, pero con solo decirlo en muchos eventos,

la gente lo reconoce, entonces adquieren un color, una forma. Esto es más difícil lograr con una novela o un cuento. Aunque sea el cuento un género mejor difundido que la novela.

Dentro de mí, estoy enamorado ahora de la poesía, pero puede que en 30 años pueda hacer otra cosa, tan distinta como la danza, ¿qué sé yo? Soy capaz de hacer muchas otras cosas. Estoy en esta eterna búsqueda. Pero esto es muy de los que estamos en el ambiente del arte, dónde los límites de un cuarto nunca serán espacio suficiente. Creo que por eso los artistas intentan viajar, conocer otros lugares, aunque solo con dos pesos en la bosa. Hay artistas que incluso dejan un trabajo formal en México que exploran otras culturas y todo por enriquecer el arte.

En noviembre de 2017, en una entrevista, decías que: “de todos los géneros literarios la pintura es la que más permite establecer conexión con la poesía.” ¿Sigues pensando así?

-Sí. Porque la poesía puede tener otro diseño que no sea el clásico impreso en papel. Incluso en papel, las editoriales tienen un formato definido para novela, los cuentos, pero para la poesía el diseño cambia mucho y esto lo relaciono con lo visual, con la pintura. En su estructura la poesía y la pintura se acercan en el sentido que puedes dominar la mancha, pero en algún momento la mancha te domina. Para hacer poemas hay que dejarse llevar, la narrativa tal vez te permita un poco, pero nada como en la poesía que te puedes aventar. Es como la mancha de la acuarela que el artista dibuja y da un resultado muy distinto a lo que había planeado en el principio.

Eres un buen observador de las propuestas artísticas actuales y un defensor de la literatura como el arte más prometedor.

-En las artes visuales de un modo general hay una sed de proponer que ha caído en lo comercial. Habrá algunos destellos de originalidad, pero son muy escasos. Desde hace más de 20 años todo está estancado. El gran defecto de las artes visuales es que muchos artistas terminan siendo negociantes de arte. Una obra les funciona y repiten el esquema, nada más para vender; sin la preocupación de renovarse.

Las propuestas que la literatura hace, las siento más sinceras. Los escritores son más sinceros en sus innovaciones. Esto los aparta de los negociantes. Me da miedo que la pandemia vaya a estancar las propuestas literarias; que solo se vaya a escribir de lo que estamos viviendo. Pienso las editoras y los premios podrán incentivar este tipo de narrativa, que se transforme en una moda como la novela del narcotráfico, por ejemplo.

Por otro lado, espero que la pandemia les de el favor de que puedan evolucionar, un efecto que las grandes crisis del pasado han aportado al arte.

Estamos atravesando un periodo difícil para sobrevivir en el medio artístico, ¿cómo lo estás enfrentado?

-Una de las pocas ventajas de la pandemia, es la posibilidad de las presentaciones virtuales, el público sigue un autor, repercute, asiste a más eventos. El ciberespacio es público, como la calle, quien ha tenido la visión de aprovecharlos, es cómo grafitear. Estar en las redes es como tener 200 personas en un café, cosa que antes era difícil, nadie gastaría un par de horas de un sábado para ir a escuchar poesía.

Después de la pandemia todo será hibrido, los eventos seguirán siendo transmitidos.

También participas de colectivos como Tinta Verde que te proporcionan visibilidad.

-Luego que llegué a la Ciudad de México, estaba como nómada, buscaba a los diferentes grupos, a los slams de poesía. Así que pertenezco a muchos colectivos.  Me gusta saltar de grupo en grupo, de un ambiente a otro. Desde mi encuentro con Tinta Verde me siento más acogido. Por un lado, soy León Cuevas y por otro, parte de Tinta Verde. Creo en esta idea de que un grupo crece cuando cada integrante también crece. Es igual que cuando tienes una familia ya la arrastras a donde vayas.

Yo tengo fe que Tinta Verde vaya a crecer, como ha pasado con Círculo de poesía, Aleteo Poético o Revueltas Times, estos grandes medios que empezaron chiquitos gracias a que todos aportaron ya se establecieron.

Tu primer libro fue publicado en 2019 poco antes de la pandemia. La primera edición, de 500 ejemplares está agotada. El libro hace referencia a Dios y las creencias a través del vudú, el tema fue explorado por escritores como Alejo Carpentier (1904 – 1980) y Jorge Amado (1912 – 2001). ¿Ellos aportaron de alguna manera para tu proyecto?

-Durante casi un año de trabajo para la construcción de Sal de alacrán, todas las investigaciones me llevaban a tres lugares de América Latina: Cuba, Brasil y Hayti. Sí, leí a Capitanes de arena, de Jorge Amado y El reino de este mundo, de Carpentier. Investigué a Lezama Lima, Nicolás Guillen, Jorge Amado y Alejo Carpentier.

En el mestizaje cultural de estos lugares, la evolución de las religiones es muy marcada. En México es distinto. Aquí es muy fuerte el catolicismo, todo lo que no es católico, se sigue dejando en el subterráneo. Incluyendo a los cristianos, la sociedad judía; todas las religiones que el catolicismo ha marcado como malas, solo porque son diferentes. El vudú en México se ha mezclado con la santería, como algo dentro de lo subterráneo. La gente lo relaciona luego con santería y con la santa muerte. Aunque son universos muy distintos, hay un miedo, la gente piensa en el vudú como algo tenebroso. Un ejemplo son los funerales, que en el vudú son una fiesta, y aquí no se acepta. Justo cuando aquí en México, sin darse cuenta, en el funeral se hace fiesta. Con los reencuentros entre los familiares, el ambiente es de fiesta, hay mucha similitud, pero la gente no lo ve así. No lo han asimilado. Y con toda la tradición de día de muertos, es raro que en México se extrañe el festejo del vudú, que nos siga pareciendo una idea aterradora. Es que la muerte carga un peso de miedo.

Háblanos sobre tu próximo libro.

-El que se va a publicar ahora lo escribí antes de Sal de alacrán.  Es un libro con temas muy urbanos. Es un viaje urbano. Se va a notar un poco la diferencia por mi formación adquirida después de su escritura. Por ser el primero, le tengo cariño, pero aparte de este cariño hay cosas que me gustan. Por ejemplo, se nota mucho el ritmo y logré crear muchas voces diferentes. Dentro de la urbanidad hay muchísimos lenguajes: de barrios bajos, de barrios altos, de una cantina, de un bar, de una colonia y de otra. Siento que estas voces están bien logradas. Sin adelantar mucho, esté relacionado al graffiti. Es uno de los temas que más narro en poesía, o cuentos o ensayos. Incluso los grafiteros tendrán su voz particular. Es un proyecto muy visual, ahí está vertida toda la carga de mi formación visual. Está inspirado en ensayos de sociología y en el arte contemporáneo, en las teorías de la deriva, en las periferias y en el centro: en el ahora.

Lo urbano es parte de tu búsqueda creativa. ¿Cómo logras integrar en tus creaciones el caos y los movimientos que la Ciudad de México alberga?

-Busco reflejar en mi trabajo un siglo de movimientos o levantamientos. Es lo que digo, el siglo XXI les pertenece a los movimientos de equidad, como por ejemplo la cuestión del feminismo. Me fascina todo lo que los movimientos están aportando al arte, en los colores que se reflejan en cada manifestación.

No sé porqué no se han hecho una antología, de todo el arte que ha surgido de estos movimientos, como ocurrió con los grafiteros. Creo que el arte está pasando por la periferia, con nuevas manifestaciones artísticas. En el futuro veremos exposiciones de estos rayones dejados en los muros de la ciudad por el paso de estos manifestantes.

Me parece, además del contexto de la lucha que hay un aporte increíble para el arte.

Quizá yo podría hacer un libro de esto.

¿Para cuándo esperar la publicación de tu nuevo libro?, ¿bajo qué sello editorial?

Si no fuera por los tramites de derecho de autor que se están tardando mucho por la pandemia, podría salir hasta julio. Lo único que sé es que sí sale este año, publicada por una editorial de Pachuca que promueve una difusión interesante, inclusive para otros países, al contrario de otras que se estancan en un comportamiento regional. También hay una promesa de reeditar Sal de alacrán, muy pronto.  

Hay lectores de poesía que poseen un interés real por el arte y hacen un reclamo a la inmediatez de las publicaciones en las redes sociales y que producen cierta banalización del género.

-Sí. Pero, hay artistas que producen y publican allí obras de calidad. Ahora, si hablamos de estas redes de escritores como la Wattpad, habrá tres cosas que valgan la pena de todo lo mucho que se está publicando. Hay una urgencia por la fama. Sí, es necesario que haya una profesionalización. Es evidente que los mejor artistas pasaron por una escolaridad que después rompieron. Sí hubo artistas autodidactas, aunque son casos muy específicos, y que sin embargo fueron grandes lectores. La lectura, al final de cuentas llega a ser otra escolaridad. Y estos escritores que solo quieren ser famosos no leen.

Hay una idea errónea que la poesía se puede hacer sin disciplina. Hacerlo masivamente, no es el camino. Es un grave problema. El resultado es realmente poesía basura. No me gusta insultar, pero es necesario que los artistas se nutran constantemente. No hablo de ser dependiente de lo que te enseñan, ni defiendo que sigan solo las lecturas impuestas, pero insisto en que es necesario una educación, una escolarización.

También eres profesor de Literatura, ¿por tu experiencia, piensas que la educación en línea es una alternativa para la renovación del sistema educativo?

Sí. Doy clases de Literatura en el Centro de Educación Artística Luis Spota Saavedra.  Es muy raro que a algún alumno de la preparatoria le guste. Extrañan la convivencia entre ellos, todo lo que se vive en la prepa. Ahora ya están muy desmotivados. Su creatividad se ha adaptado, pero no su humanidad. Se encuentran muy cansados. Hace un año estaban en crisis de depresión, verdaderas crisis. Y ahora hay más cansancio. Hay grupos que ninguno enciende la cámara. Y me desespero. Me empieza aterrar este vacío digital. Esta barrera es muy triste; ya existía entre el maestro en su pedestal y los alumnos en las bancas y solo se ha intensificado con las clases virtuales.

León, al mencionarte una palabra, responde lo que te provoca:

Cancelación– “Censura”.

Lo urbano-“Amplitud”.

Una creencia-“Universo”.

Una memoria-“Puertas”.

Un sueño-“Puentes”.

Tu mayor miedo-“Pérdida y estancamiento”.

Políticamente correcto-“Presente”.

Periodismo-“Admiración. Admiración por lo incansable”.

“Los admiro. Hay falsos periodistas, pero los verdaderos, unos más conocidos, otros menos, no ganan dinero, arriesgan la vida, y más en América Latina. Los que se acercan a la verdad, no solo en México, los matan. Muchos arriesgan la vida de diferentes maneras por llegar a la verdad. Son personas que no descansan, que saben que se van a entregar en un trabajo exhaustivo. Tengo un buen ejemplo de una periodista: Lydiette Carrión. Con ella aprendí sobre el periodismo y la crónica, cómo es peligroso acercarse a la verdad, cómo se castiga a los que lo hacen y cómo es cansado.

Imaginar por ejemplo la investigación sobre los feminicidios, cosas que a cualquier persona puede traumar. Son temas que están al mismo nivel de riesgo de los soldados y de los bomberos, gente que se acerca a la muerte por hacer su trabajo. A los periodistas les tengo una especial admiración”.  

Y si no fueras poeta-“A lo mejor me hubiera quedad o en la pintura”.

Y si no fueras artistas -“Creo que sería biólogo, como mi madre”.

México-“Dualidad, México tiene cosas hermosas y cosas terribles”.

León por León (una frase que te define) -“Búsqueda. Siempre estoy buscando. No puedo estar quieto”.

León Cuevas es un artista que logra mezclar las cuestiones contemporáneas con temas ya conocidos de la literatura. Y lo hace con un frescor atento; sin olvidar las enseñanzas de sus maestros. El artista elige sus propios caminos y lo comparte con una generación de jóvenes que llevan el arte en el alma. Emplea el desasosiego a favor de la narrativa, la poesía, el dibujo, la pintura y la enseñanza. 

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